Gracias a recientes descubrimientos arqueológicos de instrumentos musicales, se sabe que en el Perú la música se remonta al menos a unos 10.000 años de antigüedad.

De esa larga tradición proceden las quenas, las zampoñas, los pututos (trompetas de conchas marinas) y una gran variedad de instrumentos de viento en cuya fabricación se emplearon materiales como caña, barro, hueso, cuernos y metales preciosos, así como diversos instrumentos de percusión. Mediante el contacto con Occidente se ha incorporado gran cantidad de instrumentos, los mismos que han sido creativamente adaptados a las necesidades rítmicas y tonales de cada región del país. Las muestras más evidentes son las numerosas transformaciones que han operado en el arpa, el violín y la guitarra en la sierra peruana.
El encuentro de lo andino y lo occidental ha dado origen en el Perú a más de 1.300 géneros musicales. Pero dos de ellos han rebasado el ámbito regional y se han convertido en símbolos de la identidad peruana: el huayno y la marinera.

En la actualidad continúan la asimilación de nuevos instrumentos -como sintetizadores, guitarras eléctricas, baterías y armónicas- y la creación de nuevos géneros, como la chicha o cumbia peruana, que permiten a la música peruana abrirse a nuevas influencias, para extenderse, nacional e internacionalmente, más allá del terreno reservado a lo vernacular.

Esta capacidad para la fusión e innovación musical expresa vivamente la fuerza integradora y el carácter dinámico de la cultura peruana.






En las zonas rurales del Perú, el traje es un importante distintivo, fruto del sincretismo de los elementos prehispánicos con la ropa europea que fue necesario llevar durante el periodo colonial.
El tradicional anacu inca fue transformado por las mujeres en las conocidas polleras. Según la región, una falda negra es acompañada de una faja de colores diversos, adornada con flores en la sierra de Piura o la lliclla de lana de colores en Chiclayo.
En la sierra de Lima, la falda lleva una cenefa en rojo y negro y, en Junín, al igual que en Cajamarca
y en el Cusco, las faldas ya no son negras. Las mujeres dejan asomar bajo su falda varias polleras de algodón bordadas, hasta con hilos de oro y plata, con hermosos dibujos en el borde. El poncho data del siglo XVII y, al parecer, es una variante del traje masculino, el unku. Los tupidos ponchos cajamarquinos no dejan filtrar el agua; son tan largos como en Puno, en donde se trocan por rojo durante los días de fiesta. En el Cusco, los ponchos son cortos y con figuras geométricas muy elaboradas sobre fondo rojo.
En la costa, los ponchos fueron utilizados por los latifundistas y están hechos de algodón o de lana de vicuña. En la selva, tanto hombres como mujeres de ciertos grupos étnicos, visten una cushma, una túnica amplia cosida a los costados, adornada con tintes y figuras geométricas de la región. Los trajes suelen ir acompañados por sombreros de lana o paja, algunos de colores. Pero en las zonas de mayor frío en el ande, se suele utilizar el chullo, un gorro tejido de lana que cubre las orejas y que está decorado con motivos geométricos.
Los bailes regionales requieren de trajes distintivos. En la costa, para bailar marinera el algodón de la falda fue reemplazado por la seda. En el ande, los danzantes de tijeras adornan su hermoso traje con espejos y bordan a su dios protector en la espalda.







La buena cocina peruana goza de gran fama: ser una de las mejores de América Latina. El cebiche, la pachamanca, el chupe de camarones, el ají de gallina, y el juane, son algunos de los innumerables platos que hacen agua la boca a todos los peruanos. La calidad y la variedad están asociadas a varias razones.
La primera, la diversidad ecológica y climática del Perú (cuya geografía reúne 84 de las 104 zonas de vida existentes en el
mundo) que permite una oferta de productos, ensueño del mejor chef. Los generosos re
cursos del mar peruano, abundante en peces y mariscos, han generado la riqueza de la suculenta mesa costeña; el arroz, las aves y c
abritos han especializado la comida norteña. Sabrosos productos andinos como la papa y el maíz, en todas sus variedades, la carne de cuy (conejo andino) y el peruanísimo ají, forman la base de la comida serrana y están presentes en todo el país. La selva agrega excepcionales manjares ribereños y carnes de caza que suelen ser acompañados con plátano y yuca. Nuestras frutas, como la chirimoya y la lúcuma son inigualables en los postres.
La segunda razón es la mixtura de tradiciones occidentales y orientales. A lo largo de siglos, el Perú ha recibido la
influencia española en guisos y sopas, la influencia árabe en sus dulces, la africana en la comida criolla, la influencia italiana en las past
as, la japonesa con sus delicados toques en pescados
y mariscos y la influencia china que ha creado una de las mixturas más populares en el país: el chifa. Pero la originalidad de la cocina peruana no se resume en la comida tradicional, sino que continúa aportando, a través de sus jóvenes valores, en la elaboración de inéditas exquisiteces e impecables presentaciones que llevan el nombre de Nueva cocina peruana. Disfrutar de nuestra comida es todo un privilegio. Provecho.







Utah Peruvians Traditions
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perulawn@hotmail.com
(801) 604-0578

La artesanía peruana se encuentra entre las más variadas del mundo, como lo prueba la amplia red de exportadores que cada año expone el ingenio de los peruanos en mercados europeos, asiáticos y norteamericanos. Su diversidad, colorido, creatividad y múltiple funcionalidad hacen de ella una actividad fundamental no sólo para la configuración de la identidad peruana sino también para la supervivencia de miles de familias y aún de pueblos enteros, como los de Sarhua y Quinua, en Ayacucho.
Pequeñas y grandes piezas que causan
la admiración de propios y extraños, contienen siglos de historia cargados de formas y también símbolos prehispánicos que se funden y conv
iven con otros traídos por los españoles. Esa identidad múltiple y compleja es, quizá y paradójicamente, una de las razones de la marcada tendencia de la artesanía peruana al moderno "arte ingenuo" que impregna de ternura e inocente sabiduría a sus piezas.
La excelencia de los oficios artesanales en el Perú se manifiesta, por ejemplo, en la armonía de los diseños geométricos en los tejidos, la mi
nuciosa representación de la vida campesina en los mates burilados, el mestizaje cultural y el co
lorido de los retablos. Pero también en la finísima talla de las piedras de Huamanga, el complejo barroquismo de las tallas en madera, la belleza de las piezas en oro y plata y las múltiples formas que toma el barro en la cerámica.
Estas obras son sólo algunas de las manifestaciones de un pueblo que se comunica principalmente a través del arte, utilizando para ello un lenguaje cuyas claves fundamentales son la abundancia, la fertilidad y la apuesta por el futuro.

Fuente: turismo Incaico